CODEMA19-VERGELAND-1845-5

CODEMA19-VERGELAND-1845-5

SummaryRevista El vergel de Andalucía: periódico dedicado al bello sexo (tomo 1, número 7)
RepositoryBiblioteca Nacional de España
TypologyOtros
Date1845/11/30
PlaceCórdoba
ProvinceCórdoba
CountryEspaña

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[margen superior: Noviembre 30. Año de 1845.] EL VERGEL DE ANDALUCIA. Periódico dedicado al bello secso. LA POESIA. En el artículo anterior dijimos que las obras morales de recreo son las que mas especialmente han de servir para hacer fecunda en bue- nos resultados la aficion de las - venes á la lectura. El recreo no es solo la suspension de los trabajos que nos impo- nen las diferentes obligaciones de nuestro estado, sino tambien el ejercicio de tareas agradables y consoladoras. La muger aman- te desde sus primeros años de ese mundo de cristal donde se albergan las ilusiones de la poesía, es naturalmente inclinada á las obras de la imaginacion, donde encuentra una espansion cumplida á sus penas, y un soláz agradable y bienhechor en la soledad de su retiro. Vedarles esta espansion y este soláz es hacerlas de pero condicion que todos los séres creados; es hacer frente á los sentimientos mas generales de la hu- manidad: es por último, hacer alarde de un despotismo in- concebible, que mancha la vida de unos séres nacidos para con- suelo del hombre con la mas absurda y tiránica esclavitud. , es necesario decirlo; á la época actual, regada, como se [margen inferior: Tomo 1.º Número 7.] dice, con el rocio benéfico de la ilustracion, es á la que únicamente debemos el olvido de aquellas ráncias preocu- paciones, que robando sus santos fueros á la razon, hacian nuestra conciencia víctima de influencias estrañas, encarce- lando hasta nuestro pensamiento. Hoy que tenemos el dere- cho de quejarnos, hemos aliviado considerablemente el peso de la losa que oprime nuestro corazon, y asi no cesarémos todos los dias de dar gracias con los ojos arrasados en lágri- mas de gratitud á las almas generosas que de este modo ali- vian la suerte de la parte mas débil y desgraciada del género humano. La poesia es la voz de la imaginacion y la obra del genio: la poesía, en que tanto sobresaliera la sensible y ena- morada Safo, tiene una influencia inmensa en nuestro co- razon, y es la mas á propósito para ilustrar nuestro enten- dimiento y dar una acertada direccion á nuestras pasiones. Nada hay mas dulce y consolador que comunicar al papel nuestras penas y nuestros mas recónditos sentimientos: na- da hay mas grato que ver las ideas de otro identificadas con las nuestras, cuando están impregnadas de esa suave me- lancolía que tanto eco tiene en las almas femeninas: na- da hay por último mas hermoso que los rasgos poéticos y atrevidos del genio, embellecidos con la cadencia métrica de una brillante versificacion; asi como no hay nada mas in- sípido y pesado que el repugnante chirreo de los malos poe- tas. A todo esto nos dirán algunos que hay muchas que nin- gun partido sacan de los verdaderos encantos de la poesia, que diariamente vemos alcanzar de muchas jóvenes la cali- ficacion vulgar de muy bonitas á composiciones poéticas, es- critas en mala prosa, y cuyo único mérito consiste en estar en renglones desiguales; pero á esto contestarémos nosotras lo que proclamos incesantemente, que la educacion exí- gua del bello secso es causa de todos sus males, y que de- be fijar mucho la atencion en los libros que elije para su recreo, pues ademas de lo que hemos dicho, ni deben ser gruesos y enfadosos centones de moral, ni obras superficiales que nada dejen á su entendimiento ni á su corazon. Cul- tiven las jóvenes la poesia, que tarde ó temprano recojerá un fruto sazonado su ingenio, y es muy dulce ademas para un cautivo cantar su amargura al discorde y ronco son de sus cadenas. LA ADALIA. CANTOS DEL OTOÑO. 1845. A mi hermana Dorotea Armiño. Hermana, el Otoño llega con sus lluvias y raudales, y al son de los vendavales quieres mi canto escuchar: hoy de negros nubarrones cubierto el cielo se mira, y las cuerdas de mi lira he visto rotas saltar. Un año ya que mi acento se alzó por un moribundo, llevando hasta el firmamento melancólica cancion; ¡un año! y tambien ahora las cuerdas pulsando incierta, ya está mi lira cubierta de funerario crespón. Mas cuando el poder del tiempo secó el raudal de mis ojos, cuando vi de mis enojos la nube desaparecer; yo la pupila del llanto melancólica cantora, pulsé la lira sonora, dicha cantando y placer. Y canté del áura pura los perfumados celajes, de la fuente la frescura, de los lagos el cristal: canté la flor que se alzaba, gala de la pradería, y la dulce melodía del pájaro matinal. Canté la Italia indolente dormitando entre las flores, sus jardines, sus amores, y sus ensueños de ayer; y ese coloso que fija la vista en santa Sofía estiende dia tras dia su formidable poder. Canté la playa dorada con sus conchas cristalinas, y de las aves marinas el misterioso graznar; y canté la blanca espuma que juega sobre las olas, y las rojas banderolas que cruzan en alta mar. ¡Hermana, cuan bellos eran aquellos sueños de gloria! ¡Cuan magnífica la historia que en mi mente germinó! Tendí randa por el éter las alas del pensamiento; faltó á mi pecho el aliento, y el sueño se disipó! ¡Desde entonces cuantos dias pasaron, y cuantas horas! ¿Qué se hicieron las cantoras que iban el mundo á cruzar? Al mismo suelo clavadas, al mismo grillo sujetas; las alas ya destrozadas de luchar y reluchar. ¡Ay! pobre barca, amarrada del Piles en la ribera, con cuanto afan, Primavera, que llegases aguardé! Vi alegre nuestras campiñas cual Oasis delicioso, prestar á mi sien reposo, lindo tapiz á mi pie. Mas cruzaron por la tierra los terribles huracanes; murieron los tulipanes, y el jaramago quedó..! y el genio del desengaño llegó con callada planta, cual insaciable garganta que mis ensueños tragó. Y pobre barca amarrada del Piles en la ribera, veré de la Primavera las bellas auras volver: vendrá el Otoño, su bruma desplegando sobre el monte, ¡y nunca de ese horizonte los límites trasponer! Y pasan dias tras dias, y pasan horas tras horas; ¿qué se hicieron las cantoras que iban el mundo á cruzar? Al mismo suelo clavadas, al mismo grillo sujetas, las alas ya destrozadas de luchar y reluchar. ROBUSTIANA ARMIÑO. LA BELLEZA. No hay muger alguna por ilustrada y virtuosa que sea que no se queje al cielo, si este le ha negado el sublime don de la belleza: todas ansiais la hermosura, y al oiros llamar bellas, veis realizados todos los sueños de vuestra am- bicion, creyendo que con vuestros atractivos escitais el amor de los hombres y la envidia de las de vuestro secso; pe- ro al creer que el cielo os ha dado con la belleza un bien supremo y el cúmulo de todas las perfecciones, os equi- vocais miserablemente sin ser vuestra la culpa: la culpa es nuestra, , es de nosotros que á todo trance queremos consumar la obra de vuestra degradacion: es de nosotros, que os adulamos por costumbre para identificaros con el len- guaje de la mentira y de la afectacion: es de nosotros que que queremos fundar sobre arena deleznable el edificio de vues- tro porvenir; y al amaros por vuestra belleza, que es un bien precario, efímero y perecedero, reservarnos el dere- cho de despreciaros despues impunemente, pues ni aun si- quiera tendréis accion para echaros en cara nuestra inmo- ralidad y mala ; si, es de nosotros que decimos que os amamos, porque sois bellas, para que os ocupeis demasia- do de vuestras gracias y poderos acusar de frívolas, neutra- lizando con ideas falsas los dotes de vuestro injenio. Pero no es toda la culpa nuestra: volved sino los ojos á los en- cargados de vuestra educacion, cuyo amor inconsiderado causa muchas veces vuestra ruina antes que el encono de vuestros mayores enemigos: ellos desde vuestro nacimien- to os acostumbran á colocar en vuestras sienes las flores de la galanteria: ellos os enseñan á preciaros de vuestros atrac- tivos; y ellos os dicen que siendo bellas, estais en posicion de aspirar á las mas ventajosas colocaciones, acostumbran- doos por este medio desde niñas á ser superficiales y co- quetas, sin cuidarse del cultivo de la educacion, precurso- ra de los copiosos frutos de vuestra alma, ni de la acerta- da direccion de vuestros sentimientos. La belleza ha sido siempre vuestro enemigo, y mientras tengais en mucho su valor, vuestra vida será una cadena de desengaños, y solo pi- saréis abrojos en la senda que debia estar entapizada de flo- res para vuesto paso. A vosotros apelo, detractores del secso hermoso: decidme si este error de la muger no es causa de la situacion á que se encuentra reducida: decidme si no debe su ruina las mas veces á las falsas ideas que le ense- ñan desde sus primeros años los encargados de su educacion; y decidme si pueden ser culpables por estas ideas que robus- tecen despues asfixiadas en la atmósfera mefítica de adula- ciones monotonas prodigadas por esa gárrula caterva de mo- zalvetes superficiales que la galantean. Y vosotras las que perteneceis á la parte mas débil y encantadora del género humano, ¿donde creeis que ecsiste esa belleza, ese ente mágico que tanto amais? ¿y cual es el lugar que le está reservado en el corazon del hombre? Respecto á lo primero diré que la belleza es un ente ideal que ni ecsiste ni puede ecsistir: tal vez alguna de mis amables lectoras al llegar á es- tas lineas aparte de ellas sus hermosos ojos, dirigiéndolos con un gesto de muda y elocuente reprension á la firma del ar- tículo: mas me seria muy sensible que hubiese una sola que diese una interpretacion equivocada á las palabras de los que mas sínceramente se interesan por su suerte. He dicho que no ecsiste la belleza, y esto se comprende con facilidad atendiendo á las tres razas en que se halla dividido el mundo: asi es que los hijos de Europa no piensan en esta materia como los Samoyedos y Esquimales, y todos los na- cidos en la parte meridional del Africa; y aun hay mas, en el norte de España, por ejemplo, suelen ser preferidas á todas las rubias, de ojos azules, con un rostro como el ala- bastro: en Andalucia suelen ser modelos de belleza las de un rostro tostado con el fuego de dos ardientes ojos ne- gros: estas diferencias causadas por los diversos climas y costumbres, no se crea que hacen que la belleza sea un sentimiento de localidad. Hay tambien diferencias hasta el infinito en esas mismas razas, naciones y provincias que he- mos enumerado. No quisiera que me trajesen á plaza los defensores de la belleza en concreto á la Venus de Médi- cis como tipo de la belleza en especie, pues sus perfec- ciones son puramente convencionales, y debidas solo á la acalorada imaginacion de un artista. Respecto á lo según- do, el hombre que os diga que os ama porque sois bellas, os insulta y os engaña: os insulta, porque fundando su amor sobre una base poco duradera, trata, como ya he dicho, de abandonaros impunemente cuando pase el atractivo pe- recedero de vuestras gracias; y os engañan, porque noso- tros no amamos la belleza, no: decid á los que prediquen lo contrario que dónde está el prestigio de la hermosura, cuando esta ha sido herida por el venenoso diente de la ma- ledicencia? Y decidles si la aman cuando está defendi- da por un alma noble y virtuosa, por qué la pisan y escar- necen cuando está ignorada con un alma corrompida en las cavernas de la hedionda prostitucion? Cultivad con una ins- truccion proporcionada vuestro ingenio: conservad vuestro pudor como una inestimable joya que no puede recobrarse: ennobleces vuestros sentimientos con la pureza de vuestro corazon: atended á vuestro porvenir; y si ahora nos avasa- llais con vuestra belleza durante los cortos años de vuestra voladora juventud, entonces sereis el ídolo eterno de nues- tra alma con vuestra ilustracion y con vuestras virtudes. Mu- cho mas podria deducir en pró de mis lectoras, si no temie- se prolongar demasiado este artículo; y asi concluiré dicien- do que nada es la belleza si no está ennoblecida con las dotes de un alma ardiente y generosa: ¿qué son las gracias sin el fuego del corazon? ¿qué es la hermosura sin el sen- timiento? Responderé con un escritor contemporáneo: Estátua muda que la vista admira, Y que insensible el corazon no adora. R. Garcia A. de Lovera. JULIA. Nobela original. (Continuacion.) CAPÍTULO II. El Marqués de Pouman. En una magnífica habitacion del palacio de Pouman un hombre de unos setenta años, alto y elegante, se pasea á largos pasos con la mayor impaciencia: «cuando tarda Lecrair, dijo, sentándose en una lujosa butaca; en verdad que no me gusta esta tardanza» y volvió á quedar sumergido en sus meditaciones. Dos golpecitos dados á la puerta le hicieron levantarse precipitadamente. «Gracias á Dios, ya está aqui» Pero á la voz de un criado que entró con un paquete de papeles, diciendo «el correo:» toda la alegria del Marqués se tornó en la mas viva impaciencia. «¿Qué tendrémos hoy?» dijo revolviendo aquellos pa- peles: «Paris, ¿quien me escribe de Paris? será algun ami- go; no, la letra es de mi muger. ¿Qué me querrá decir la Marquesa despues de tantos años? Leamos:» Al comenzar aquella lectura un nuevo personage se pre- sentó en la habitacion al Marqués, á cuya vista este arrojan- do al suelo la carta de su esposa, esclamó: -¡Ah! Lecrair, ya me teniais irritado: ¿qué tenemos? hablad, hablad pron- to. -Señor, ya conozco su casa; ya tengo tomadas todas las medidas, pero. -Pues no hay tiempo que per- der; al momento, esta misma noche. -Despacio, Señor: iba á decir que la rosa de las montañas está muy querida en toda la comarca, tiene muchos trabajadores en su misma casa. y la verdad. un robo. me parece dificil. -Con- que es decir que, segun confesais, sois un cobarde ya. ¿Don- de está aquella intrepidéz, aquella astuta discrecion que me ha sacado bien de lances mas dificiles que este? Se- ñor. No quiero teneros mas á mi lado; hoy mismo mar- charéis á Paris. -Señor. Y el Marqués se disponia á salir de la habitacion, cuan- do Lecrair, asiéndose á su bata, le dijo: -Señor, dete- neos: quereis tener en vuestro poder á Julia antes de tres dias-? -¡Tres dias! ¿qué medios? -Dejad los medios: yo os juro tenerla aqui antes de tres dias. -Pues bien; si en el término esacto de tres dias no está Julia en esta casa, ni un solo minuto permanecerá Lecrair en ella. -Pero aho- ra en prueba de reconciliacion ¿quereis que ejerza mis fun- ciones?.... Hoy es dia de correo. -¡Ah! Bien, leed: em- pezad por una carta que he recibido de mi muger. -¡De la Marquesa! ¡estraño es por cierto! El Marqués de Pouman, poseedor de grandes rique- zas en Francia, su pais natal, habia recibido la educa- cion mas descuidada, su caracter vehemente le hacia ec- saltarse cuando se veia contrariado en algo, pero hasta hoy no habia tenido ninguna desavenencia con su Secretario Le- crair, que ya habrán conocido nuestros lectores ser el hombre misterioso que encontró Julia en su camino. Se continuará. Adela Garcia. [margen inferior: Córdoba: esttablecimiento tipográfico de Don Fausto García Tena, calle de la Libreria número 2.]

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