CODEMA19-VERGELAND-1845-1
CODEMA19-VERGELAND-1845-1
Summary | Revista El Vergel de Andalucía: periódico dedicado al bello sexo (tomo 1, número 2) |
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Repository | Biblioteca Nacional de España |
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Typology | Otros |
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Date | 1845/10/26 |
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Place | Córdoba |
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Province | Córdoba |
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Country | España |
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[margen superior: Octubre 26. Año de 1845.] EL VERGEL DE ANDALUCIA.
Periódico dedicado al bello secso. BAILES
DE EL VERGEL DE ANDALUCIA.
Al ver la singular acojida que ha tenido este pe-
riódico, y despues de haber pensado qué mas podriamos
hacer en obsequio de nuestras amantes suscritoras, nos ha pa-
recido el mejor, de mas gusto, y que mas les puede agra-
dar, darles un baile de vez en cuando, bien de máscaras ó no,
segun sea la estacion y el gusto dominante, lo que se espre-
sará en el periódico ó en los billetes. Tomadas ya casi to-
das las medidas, nos falta poco que arreglar para llevar á
cabo nuestro pensamiento, para el que contamos con un lo-
cal muy capaz y adecuado. Poco amigas nosotras de impo-
nernos obligaciones, cuyo dificil desempeño es conocido, no
nos imponemos tampoco esta; pero nuestras favorecedoras
pueden esperarlo todo de la actividad con que estamos llevan-
do á cabo este proyecto: creemos tener todos los negocios en
disposicion de dar el primer baile esta semana ó la si-
guiente: á su tiempo, remitiremos los billetes gratis á las
suscritoras, y como no se admite suscricion en Córdoba á
nuestro periódico sino á Señoras, para los Caballeros y pa-
ra las pocas de aquellas que no han tenido á bien honrar
nuestra publicacion, se hallarán de venta villetes personales
al precio de diez reales vellón cada uno, y si los toma alguna sus- [margen inferior: Tomo 1.º Numero 2.º]
critora del Vergel, ocho reales vellón. Como este obsequio no pue-
de estenderse á las muchas suscritoras de fuera de Córdo-
ba hemos determinado sortear entre ellas un precioso re-
galo cada trimestre, cuya clase se manifestará con antici-
pacion.
A la Señorita Doña Gertrudis Gomez de Avellaneda.
DOS CORONAS.
Tu tienes un teatro, una corona,
Un mundo dó brillar.
R
¿Qué fada es esa que los aires hiende
Raudo cometa que ilumina el cielo?
¿Dó las alas de azul gallarda tiende
Hollando las estrellas en su vuelo?
¿Qué fada es esa que el oscuro velo
Del hondo porvenir rasgar pretende,
Y bebiendo del sol la roja lumbre
Penetrar del Olimpo hasta la cumbre?
Prestaronle su voz los ruiseñores,
Sus tintas melancólicas la luna,
Y en ígneo pabellon de mil colores,
Mecíera el Sol su Americana cuna.
Hermosas aves, y pintadas flores
Diole tambien el cielo por fortuna,
Y los gayos celages de Occidente
Que avivaron el fuego de su mente.
Ven crítico frances (1) la hiel amarga
Vertiendo de tu satira inclemente [margen inferior: (1) Moliere.]
Con torvos ojos y furor candente
Ven y la línea del perfil recarga:
La poética lumbre de su frente
Hiela tus manos y tu pluma embarga;
Que con aureo clarin canta la fama
El doble triunfo de la noble dama.
¡Joven cantora de la patria mia,
Hija celeste del Castalio coro!
Que naciste en la tierra de armonia
Que baña el ancho mar con ondas de oro!
El eco de tu dulce melodia
En mi oido vibró fuerte y sonoro,
Magnifico floron del suelo hispano
Y orgullo del pensil Americano!
¿Qué tienes que envidiar á los cantores
Que la Italia y la Grecia nos legaron?
¿Qué tienes que envidiar á los pintores
Que en lienzos sus laureles perpetuaron?
¿Qué al trágico inmortal que los vapores
De la oscura Albion nos regalaron;
Si llevas en tu sien, musa Española,
De coronas sin fin una aureola?
Vuela felíz por el espacio hermoso
De esa vasta region que llaman ciencia:
Persíguela en su giro caprichoso,
Que es de la gloria verdadera esencia.
Seres hay que dormitan en reposo
Sin que nadie recuerde su existencia;
Mas tu… su libro te dará la Historia,
Do tienes una página de gloria.
Gijon 28 de Junio de 1845.
Robustiana Armiño.
CORRESPONDENCIA DE UNA COQUETA.
I.
Celia á Laura.
«Ven, mi querida Laura, ven á pasar conmigo la tar-
de; hablaremos de mil cosas, y te enseñaré algunos bille-
tes que he recibido y las contestaciones que tengo ya es-
critas. Tu eres mi única consultora, mi confidente, mi
todo.»
II.
Celia á Carlos.
«Un impulso secreto de mi corazon me arrastra á to-
mar la pluma para lo que no debiera. El tímido, el res-
petuoso Cárlos se ha atrevido á declararme por escrito una
pasion á que yo no debo dar oidos, y ni aun explicar el
por qué. Por lo demas confieso que no era para mi un
secreto, y que son inutiles los esfuerzos que hago para
irritarme contra mi rendido amante: y eso que para ex-
citar mi rabia conservo aun delante de mis ojos, colocada
en mi tocador, la rosa que recibí ayer tarde de su mano;
y lo que es peor, conservo tambien su billete….. Pero
¡qué digo!...... Cárlos no vuelva Vsted á escribirme.»
III.
Celia á Adolfo.
«¡Siempre celoso! ¡Siempre desconfiado! ¿En qué se
funda todo ese capítulo de quejas que me ha escrito Vsted
esta mañana? En que un fátuo que me fastidia me dió ayer
una rosa; en que me la puse en la cabeza como hubiera hecho
con otra cualquiera; en que no quise dársela a Vsted para
que ejercitase en ella una verganza propia de un niño de
14 años….. Esto es hecho, Adolfo; si Vsted hace ánimo de
seguir en sus impertinencias, será lo mejor que nunca mas
nos hablemos. ¡Ingrato! ¡Ese es el pago de tanto amor!»
IV.
Celia á Federico.
«Si tu supieras, mi querido Federico, cuantas veces he
leido tu billete de esta mañana, y cuantas lágrimas de ter-
nura me has hecho derramar. Tu confianza y seguridad
aumentan el amor que has sabido inspirarme. Si, amado
Federico: el necio Adolfo, á quien tolero algunas veces á
mi lado por consideracion á los caprichos de papá, el in-
sípido y alelado Cárlos, son pequeñísimos rivales para dis-
putarte un corazon que es todo tuyo.»
V.
Laura á Luisa.
«Amiga mia: ayer he pasado un rato cruel. La loquilla
de Celia me convidó á ir á su casa solo por hacer osten-
tacion de tres billetes amorosos que habia recibido. No
sé que mérito encuentran los hombres en esta necia. Ella
me leyó con disimulada vanidad sus contestaciones en que
á todos halaga á un tiempo. ¡Qué coqueta! Pero yo la de-
jé bien castigada, porque fingiendo tomar parte en su tra-
vesura y aplaudiéndola, me encargué de poner los sobres
á los billetes y dirigí á Adolfo R….. el que iba para Cár-
los S…., á mi primo Federico el que estaba escrito pa-
ra Adolfo, y á Cárlos el que ella destinaba para Federico,
Ya sabremos el resultado y nos reiremos á costa de la tonta.»
(Se continuará.)
SIN ESPERANZA.
¿Qué es lo que siento aqui, Dios soberano?
¿Qué fuego se derrama por mis venas?
En combater su imperio yo me afano
Y resistir su incendio puedo apenas!
¿Qué es lo que siento aqui, que me atormenta?
¿Qué es lo que turba mi tranquila calma?
¿Qué imagen á mis ojos se presenta?
¡Ay que ante ella se ha rendido el alma!
Yo amo, si, un nuevo amor me abrasa,
Amor sin porvenir, sin esperanza,
Un amor que los limites traspasa,
Y que mi esfuerzo á sofocar no alcanza.
¿Quien ha encendido esta abrasada llama?
Quien colocó un volcan dentro mi pecho?
¿Quien despertó este amor que asi me inflama?
¿Mis antiguos recuerdos que se han hecho?
Los borró de mi mente con su imperio
Ese hombre fatal á quien adoro,
¡Oh tu, sublime Dios del emisferio,
Me acude por piedad, templa mi lloro.
Me consumo, me abraso, no resisto
La lucha desigual que me devora,
Calma, calma por Dios, que yo no ecsisto
Y sufro muertes mil en una hora.
Ese recuerdo con el cual luchaba,
El recuerdo que desechar queria,
Y que á la indiferencia me llevaba,
Le invoca ahora en vano el alma mia.
¿Do te has ido? ¿do estás, sombra querida?
No me abandones, no, que yo te llamo,
Sé tu mi defensor, sé tu mi egida
Contra ese hombre fatal á quien tanto amo.
En vano es el luchar, que ya no alcanza
A sofocar mi amor mi ardiente anhelo,
Condenada á vivir sin esperanza
Siempre á mis ruegos será sordo el cielo.
Amar sin ser amada, consumirse
En llama sempiterna⁎, abrasadora,
Ante él de indiferencia revestirse
Y ocultar este amor que me desdora.
Contemplarle á mi lado, oir su acento,
Encontrar su mirada penetrante,
Y no poder decirle lo que siento,
Y tener que ocultarle hasta mi llanto.
¡Oh! esto es un combate atroz, profundo,
Que resistir no puede el pecho mio,
Enviame un consuelo ¡oh Dios del mundo!
Combata tu poder su poderio.
Si á sofocarle mi valor no alcanza
Depárame tu ausilio ¡oh Dios del cielo!
Que es muy horrible amar sin esperanza
Y vivir en el mundo sin consuelo.
¡Oh Dios de compasion, salvador mio,
Contempla de mi pecho la tormenta,
O calma tu el rigor del hado impio,
O dame un corazon que menos sienta!
Angela Grassi.
JULIA.
Nobela original.
CAPITULO 1.º
LA CABAÑA.
Cordoba la sultana, la patria de tantos hombres gran-
des, la que colocada al pie de sierra morena baña el Gua-
dalquivir, que pasa lamiendo sus murallas, vá á ser el tea-
tro en la mayor parte de los acontecimientos que vamos á
referir.
Bastante internada en la sierra, y como á distancia
de una legua de dicha Ciudad, se descubre una peque-
ña casa, sita en la cañada que forman dos elevadas y verdes
montañas. Esta rústica habitacion está rodeada por todas
partes de lindos paseos y floridos jardines, regados por el
agua de una cristalina fuente, que despues de dar vida á
aquel vergel vá jugueteando á perderse entre el ramaje:
á corta distancia, las abundantes aguas de un arroyo cor-
rian como apacible murmullo, hasta precipitarse desde una
altura, formando una vistosa cascada, cuyo ruido sorpren-
dente al principio, concluia por ser agradable: llevaba
en sus corrientes algunas ojas de flores, bien desprendidas
de su tallo, ó bien arrancadas por la mano de alguna lin-
da hortelana.
Los alegres pajarillos saludaban con sus cantos al alba
y acudian á traer á sus tiernos hijos el preciso sustento. ¡Qué
dulce concierto! el ruiseñor con su lindo gorjeo anun-
ciaba al astro del dia, el mirlo con su tierno canto desper-
taba á sus hijos, el canario llenaba los aires con sus tri-
nos, la tórtola saludaba á su esposo con su tierno arrullo,
mil y mil pájaros, y otros mil, contribuian con sus sonoras
voces á hacer mas bello el amanecer.
Aun no serian las cinco de la mañana, cuando la puer-
ta de aquella casita se abre, y se presenta en ella una jo-
ven hortelana. ¿Con qué colores podriamos pintar las gra-
cias de aquella morena hija de la Sierra de Córdoba? Nin-
guna por perfecta que sea puede compararse á Julia: la mas
linda huri, la mujer mas bella, la flor mas delicada, son nada
para aquella deidad. Julia, á quien llamaban la rosa de
las montañas, con sus ojos negros, su sonrisa angelical, sus
labios de carmín, era, por decirlo de una vez, la reunion
de toda la hermosura, de todas las perfecciones humanas.
Su vestido pobre y rústico, pero sencillo y elegante,
daria mas realce á sus formas, si tubiera lugar en ellas.
Consistia en un lijero zagalejo azul claro, liso, y que de-
jaba ver holgadamente su lindo pie: un pañuelo de hilo,
blanco como la nieve, cubria su pecho, y su pelo negro
como el azabache caia en trenzas sobre su espalda, que
terminaban en un lazito de cinta color de naranja; tenia
en la mano un vaso de barro, en el que traia la leche
para su padre, que era su primera obligacion por las ma-
ñanas. Se continuará.
Adela Garcia.
La inevitable tardanza del primer número, y otras mu-
chas circunstancias propias de un periódico que empieza
han hecho que muchas de nuestras suscritoras no tengan
el número 1.º á su debido tiempo, pero están tomadas to-
das las medidas para que reciban todas el Vergel, los Do-
mingos por la mañana. [margen inferior: Córdoba: establecimiento tipográfico de Don Fausto García Tena, calle de la Libreria número 2.]
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